16 mar. 2010

Por la libertad, agradecimientos a pros y antis


16.03.10 LASPROVINCIAS.ES

VICENTE BARRERA / LICENCIADO EN DERECHO Y MATADOR DE TOROS

Es de bien nacidos ser agradecidos. Por eso, en estos convulsos tiempos en que millones de personas amantes del toro estamos siendo constantemente vilipendiados y hasta criminalizados, al recibir una mano amiga, sentimos la necesidad de agradecerlo públicamente.
No creo hablar sólo en mi nombre, me subrogo la potestad por nadie concedida de hablar representando a centenares de miles de personas, me atrevería a decir a millones de valencianos que aman o al menos simpatizan con una de nuestras expresiones más identificativos en el terreno histórico, artístico y cultural, que tenemos en nuestra tierra, que es la fiesta de los toros.
El arte de los toros no tiene color político y este agradecimiento no va dirigido a ningún partido político, sino a un Gobierno del que los taurinos no miramos las siglas con las que se anuncia, sino su deferencia y sensibilidad al salir en nuestra defensa y en defensa de la libertad. Sobre todo cuando tan insultados, aislados y ultrajados nos hemos sentido en los ultimos tiempos.
Nuestro Gobierno ha ido un paso más allá que el Gobierno de Madrid no olvidando los bous al carrer, en sus innumerables manifestaciones que cuentan en nuestra tierra con una tradición e historia que se pierde en el tiempo. Me consta que el PSPV de nuestra Comunidad tiene sensibilidades muy cercanas al PP en este campo; y ojalá nuestros dos partidos mayoritarios, los que representan la voluntad de la inmensa mayoría, dejen atrás viejos complejos y puedan andar de la mano en ésta y en otras muchas iniciativas que en realidad poco tienen que ver con la política y sí mucho que ver con la defensa de la libertad.
A los anti-España en nada les preocupa el toro o el escarabajo pelotero, lo único que persiguen y lo único que les interesa a los que estas medidas promulgan, los parlamentarios independentistas catalanes, los que públicamente y sin sonrojo llevan mucho tiempo clamando por el fin de nuestro país tal y como lo entendemos, su único fin para el cual cualquier medio es justificable, es atacar y acabar con todo lo que nos une e identifica a los españoles. Hay que acabar con nuestra insignia nacional, con nuestro idioma común, con nuestra religión mayoritaria y, cómo no, con nuestra seña histórica, artística y cultural común a todos los españoles, más arraigada y representativa, que es sin duda alguna la fiesta de los toros.
Hagamos un ejercicio de imaginación. ¿Qué ocurriría con todos estos independentistas como el señor Carod Rovira que seguramente tomaron la determinación de acabar en Cataluña con los toros sentados a una mesa disfrutando de una opípara comida donde -tras despojarse de sus abrigos de piel y cuero- pudieron degustar un suculento menú a base de chuletitas de lechal, manitas de cerdo y unos tiernísimos bocaditos de bacalao, que seguro, quitaban el 'sentío', y que, tras desabrochase sus cinturones de ante, sacaron sus billeteras de piel de cocodrilo para pagar, eso sí, a costa del contribuyente? ¿Qué pasaría si la fiesta de los toros fuese una tradición única y exclusivamente patrimonio del pueblo catalán? Pues lo que ocurriría es que Carod Rovira y compañía serían furibundos taurinos que acudirían con clavel en la solapa cada domingo a la monumental de Barcelona, y hasta tratarían de que tan maravillosa cultura se extendiera a territorios que les son ajenos como es el caso de nuestra Comunidad Valenciana o Baleares.
Los abolicionistas-independentistas catalanes han descubierto para su sorpresa durante este largo periodo de debate, que Cataluña es una tierra donde la tradición, la historia y el arraigo de la cultura de los toros se pierde en la memoria de los tiempos. Que Barcelona ha sido la única capital de provincia que tuvo simultáneamente tres plazas de toros dando espectáculos taurinos, y que durante muchísimo años, organizó más festejos que los que organizaban ciudades como Madrid o Sevilla. Han descubierto que el padre del independentismo catalán, Lluis Companys, aquel al que honran con flores cada año, era un furibundo taurino, hasta el punto de que la forma de agasajarle por parte de las autoridades de la época en otros puntos de nuestra geografía española, como por ejemplo Sevilla, era haciéndole el honor de que presidiese corridas de toros en la Real Maestranza de Caballería, durante la etapa de la Segunda República Española.
Con esta estrategía que promueven los independentistas, quizás mañana se despierte un parlamento autonómico y entienda que no es moralmente aceptable y por tanto se debe prohibir la caza, la pesca, el llevar abrigos de cuero, o que no es moralmente aceptable que sacrifiquemos a millones de animales para comerlos, y que debiéramos quizás hacerlo solamente una vez hayan muerto de viejos. Por eso lo que estamos viviendo es un aviso a navegantes, pues traspasa la barrera de lo estrictamente taurino, convirtiéndose en un ataque a la libertad.
La grandeza del toreo es tal que los anti-todo han conseguido el efecto contrario al pretendido, al conseguir que las instituciones públicas se fijen finalmente en nosotros y empiecen a acometer unas atenciones y cambios que llevamos mucho tiempo reclamando desde los distintos estamentos taurinos. Esto confirma mi teoría sobre que los antitaurinos -sin ellos saberlo- son una pieza más del increíble y maravilloso planeta de los toros.
Desde aquí, todos los valencianos que amamos el singular e inigualable mundo de los toros, ya seamos de derechas, de centro, de izquierdas, apolíticos, católicos, ateos, evangelistas, etc. etc... y que sobre todo amamos profundamente la libertad, queremos sinceramente agradecer una y mil veces la declaración de las fiestas de los toros como Bien de Interés Cultural al Gobierno Valenciano y a todos los que han hecho posible esta justa y necesaria decisión, pero especialmente queremos agradecérselo a los antitaurinos e independentistas sin cuya inestimable colaboración jamás hubiese sido posible tan loable iniciativa